Contada por su hija Sara
Casa Ernesto, un bar fundado en 2017 por sus actuales dueños, Azucena Blasco y Javier Martín, surge con el propósito de rendir homenaje a Ernesto Blasco, padre de Azucena y precursor de la rica tradición hostelera de la familia.
La historia de Casa Ernesto se remonta a la década de 1980, cuando mi abuelo, Ernesto, inauguró «El Rincón», un acogedor bar de tapas y raciones ubicado en la calle Lacarra de Miguel, conocida anteriormente como calle del General Sueiro. En ese momento, mi padre, Javier, y mi madre, Azucena, comenzaron a trabajar codo a codo con mi abuelo Ernesto en el negocio, absorbiendo así todos los conocimientos en el campo de la hostelería.
Poco a poco, mi padre Javier se sumerge en el oficio, desarrollando y perfeccionando habilidades que van más allá del ámbito de la hostelería, pero que resultan fundamentales para el funcionamiento del negocio en la actualidad. Estas habilidades son una de las muchas razones por las cuales casa Ernesto triunfa hoy en día. Y es que, estoy hablando de su don de gentes y su gran carisma, el cual hace que los clientes se sientan en casa, totalmente acogidos, y que se vayan del local con el deseo de regresar en el futuro. Porque, como he mencionado antes, el carisma no se trata de algo propio de la hostelería, así como la forma correcta de servir una copa de vino; si no que se trata de una aptitud extra, muchas veces determinante del éxito de algunos negocios. En resumen, la gente regresa donde se siente cómoda, y ¿qué mejor lugar para sentirse así que en casa?
Por otro lado, Azucena, mi madre, quien en aquel entonces ejercía como peluquera, encontraba en la cocina su pasatiempo favorito, limitándose a cocinar únicamente en casa. Sin embargo, todo cambió cuando mi abuela Isabel Royano, quien también trabajaba como cocinera en «El Rincón», decidió jubilarse. Como medida provisional, mi madre se unió al equipo del bar. Fue entonces cuando descubrió su verdadera pasión por la cocina y tomó la decisión de abandonar su profesión como peluquera para incorporarse de lleno al negocio familiar. Hoy en día, Azucena es notablemente reconocida por su cocina, mostrando una continua búsqueda de innovación y exploración de nuevos sabores.
Lamentablemente, en 1997, mi abuelo Ernesto falleció, dejando el bar como herencia a nombre de mi madre Azucena. A partir de ese momento, mis padres Azucena y Javier asumieron roles clave en el negocio: mi padre como jefe de camareros y mi madre como jefa de cocina, trabajando juntos para gestionar el establecimiento.
Desde entonces, mis padres han permanecido inquebrantables en el mundo de la hostelería. Trabajaron con distintos socios durante mucho tiempo, aprendiendo lecciones de vida con cada uno de ellos y sobre todo ampliando conocimientos en experiencia laboral. Supieron aprender de errores y explotar al máximo sus habilidades, hasta que finalmente encontraron la fórmula del éxito: un negocio exclusivamente suyo, Casa Ernesto.
En 2017, la vida de mi familia da un giro drástico con la apertura de su propio negocio, al que dedican todo el tiempo posible para asegurar un aterrizaje suave en esta nueva etapa. Al buscar personal, se ponen en contacto con camareros y cocineros con los que habían trabajado anteriormente, buscando individuos ya capacitados y con experiencia en el ámbito de la hostelería. Además, era importante que estos empleados estuvieran familiarizados con los métodos de trabajo que mis padres utilizaban. En cualquier sector laboral, contratar a personas con experiencia previa es una decisión más rentable para las empresas. En el caso de un bar, donde cada establecimiento tiene su propia dinámica y estilo de trabajo, contar con personal con experiencia en tu forma de trabajo, resulta aún más beneficioso.
Como he descrito anteriormente, desde su primera incorporación en el bar de mi abuelo Ernesto, mis padres Javier y Azucena han permanecido inmersos en el ámbito de la hostelería de manera ininterrumpida. La acumulación de esta vasta experiencia a lo largo de los años, combinada con el carisma distintivo de mi padre Javier y la excelencia culinaria de mi madre Azucena, ha generado una clientela fiel que, como abejas atraídas por una flor, ha seguido su trayectoria en cualquier establecimiento donde ellos han ejercido su labor. Otro de los factores más importantes radica en la narrativa que hay detrás de Casa Ernesto, donde aquellos que han sido testigos directos de primera mano, siguiendo el proceso de transición de mis padres los dueños, paso tras paso, y que además tuvieron la fortuna de ser atendidos por mi abuelo Ernesto en “El Rincón”; perciben el establecimiento como un legado arraigado en la tradición familiar. (A.Blasco, comunicación personal, 3 de abril 2024 ).
Este implica que, incluso antes de la apertura oficial de Casa Ernesto, ya contaba con una base de clientes sólida, compuesta por conocidos, amigos y, en general, una clientela altamente leal.
Hoy en día, más miembros de la familia se han incorporado en la plantilla, fortaleciendo todavía más el sentido de familia.
“No me digas que no es bueno
Del todo sentirte amigo
Y al llegar, ser bienvenido…
Esto pasa en Casa Ernesto.
Salpicón, ensaladilla,
Alcachofa confitada,
Y que no falte de nada.
La madeja bien finita
Sin olvidar su lagarto,
Albóndiga o carrilleras.
Riégalo con lo que quieras
Máximo será tu agrado.
Al final de la velada
Te habrás llevado de veras
Mucho más de lo que esperas…
En Casa Ernesto esto pasa.”
— Diego Santamaria 03/2023
Lunes a Sábado
10:30 – 16:30 y 19:30 – 23:30
Domingo
Cerrado